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Actualmente, Glastonbury es una agradable pequeña ciudad del sur de Inglaterra, con unos 10.000 habitantes, con fama de haber albergado siempre a gente especial. A comienzos de este siglo ya se convirtió en un lugar de reunión de videntes y desde la II Guerra Mundial allí se realizaban meditaciones orientadas a acabas con la guerra. En los años 60/70, los hippies inclinados por el lado místico encontraron un terreno abonado donde recalar. Hoy en día, diversos colectivos de vida alternativa la habitan, y las tiendas de las calles centrales son una buena muestra de ello. Y por si la parte mística no fuera lo único que Glastonbury ofrece, los ocultistas, e incluso en peregrinajes de antaño han sido sustituidos por la llegada masiva de jóvenes que acuden cada verano al festival de rock al aire libre más grande de Europa. Y en muchos lugares puede leerse la frase más representativa de la ciudad: “May the spirit of Glastonbury be with you” “Que el espíritu de Glastonbury este contigo”
Desde lejos destaca sobre la ciudad la Tor (colina, en gaélico), de 176 metros de altura, siendo su icono más característico. Dicen que no es muy alta, pero sí muy energética, y que además forma un triángulo con otros centros relativamente cercanos de energía telúrica como son Stonehenge y Avebury. La torre que domina la cima es el único resto de un monasterio medieval derribado por un terremoto en 1275; un siglo más tarde se levantó este oratorio en forma de torre, que se mantuvo activo hasta la disolución de los monasterios promulgada por Enrique VIII en 1539. Tanto el monasterio como el oratorio estuvieron dedicado a San Miguel, el matador de dragones, tal vez porque este lugar estaba considerado como una entrada al Annwn, el mundo subterráneo y férico de las tradiciones celtas, donde gobernaba el rey Gwyn ap Nydd; la comunidad monástica tendría entre sus funciones impedir la salida de algún ser considerado diabólico, como en otras “puertas del infierno” diseminadas por toda la cristiandad. Aunque también se piensa que San Miguel pudiese ser un santo sustitutorio del dios celta Bel, en cuyo honor se celebraba el Beltane (los fuegos de Bel), a comienzos de Mayo, fiesta de la fertilidad (no hay que desdeñar el símbolo fálico de la torre), que también suponía el triunfo de la luz ante las fuerzas del mundo subterráneo. Y rizando el rizo, a ese Bel se le asoció con el ángel caído Belial, a quien el arcángel Miguel pondría en su sitio con su espada flamígera.
Rodeando la colina del Tor hay una serie de terrazas artificiales, en siete niveles, que los monjes usaron para sus cultivos, aunque la antigüedad es mayor y su motivo originario bien distinto. Estas terrazas formaban a su vez unos anillos concéntricos unidos y separados de manera que constituían un laberinto por donde los peregrinos subían hasta el santuario. Este laberinto, aunque irregular debido a la orografía, tiene un aspecto similar al de tantos otros pertenecientes a las más diversas culturas diseminados por todo el mundo, siendo el más conocido el que aparecía en las monedas cretenses. Parece ser que las terrazas que forman el laberinto tridimensional son contemporáneas a las grandes construcciones neolíticas de Avebury, Salisbury Hill, Newgrange o Stonehenge. Al laberinto se le considera como una representación del camino de la vida que lleva a la muerte y esta a la resurrección, es decir, un camino iniciativo, de ida y vuelta, que el hombre debe recorrer para encontrar las respuestas a los misterios de su propia naturaleza.
Se calcula que un peregrino tardaría unas tres horas en recorrer todo el laberinto, siempre que fuese un día sin lluvia. Actualmente, las autoridades, debido a la grave erosión del terreno, aconsejan subir por los otros caminos preparados y ajenos al laberinto, mucho más cómodos y accesibles, uno de ellos muy próximo a la ciudad. En los tiempos cristianos, algunos peregrinos subían de rodillas, ya que los siete niveles se asociaron entonces a las siete estaciones de la cruz en la subida al Calvario.
Ahora los católicos y los protestantes realizan peregrinaciones por separado en ciertos días del año. Algo parecido hacen numerosos grupos paganos, que reivindican el que en la antigüedad aquí hubiese un gran centro druídico que contaba con uno de los tres coros perpetuos de Bretaña –los otros estaban en la isla de Iona (Escocia) y en Aglesey (Gales)-, que tenían como misión “encantar” la tierra a través de su canto druídico continuo.
Estos grupos neopaganos celebran, sobre todo, las grandes festividades celtas: Imbolc, 1 de febrero, la fiesta de Brigit; tiempo de purificación y de siembra. Beltane, 1 de Mayo, la fiesta de Bel, dios de la luz, fuego, flor, renovación y fertilidad. Lughnasad, 6 de Agosto, la fiesta de Lug, o de la cosecha, cuando se cuece el primer pan con la harina del trigo nuevo. Y Samain, 1 de Noviembre, la fiesta que nosotros llamamos de Todos los Santos (aunque últimamente parece que nos quieren imponer el nombre inglés de Halloween); noche de puertas abiertas entre ambos mundos por donde los espíritus pueden volver a la tierra.
En la Tor no es difícil ver gente meditando bajo la luna llena; a veces son monjes budistas, o expertos en feng sui, para los que la Tor es uno de los lugares donde las corrientes del cielo y la tierra confluyen en armonía. Y si en la antigüedad se veían hadas que surgían del Annwn, hoy en día hay quien ve ovnis (que, para algunos, no llegan desde el espacio, sino del interior de la tierra). O arcoiris sin que haya lluvia. También ocurre que a algunas personas les resulta imposible subir, como si “alguien” se lo impidiese.
A una distancia considerable se cree que estuvo la entrada del camino principal donde aun hay dos robles con nombre propio, Gog y Magog, que son los supervivientes de aquellos que flanquearía el camino de llegada de los peregrinos hasta el laberinto, siguiendo un alineamiento desde el que se vería sobre la Tor la salida del sol en solsticio de verano y la puesta en el de invierno. Esa avenida terminaría donde ahora están las Piedras del Druida, también las dos únicas que han permanecido en su sitio.
Y posiblemente ese laberinto a su vez se recorría atravesando un bosque, ya que se cuenta que san Patricio, allá en el siglo V, prometió cien días de indulgencia (tiempo que se ahorrarían de purgatorio) a todos cuantos ayudasen a talar el espeso bosque que cubría la colina.
Por el interior de la colina hay una serie de túneles y cavidades con estalactitas formados por las corrientes de agua que terminan en el White Spring, ricas en calcio y de flujo continuo, aunque irregular en cantidad. Antes de que el Water Borrad, compañía encargada de los suministros de agua, cerrase este manantial en un pequeño edificio y hasta le cambiase el nombre, este era uno de los lugares más bellos de Glastonbury, rodeado de árboles y con formaciones rocosas emblanquecidas por los minerales de agua.
No resulta difícil imaginar a los peregrinos saliendo por entre las brumas que surgían de ríos y pantanos cercanos, recorriendo la larga avenida flanqueada de robles y ascendiendo por el laberinto en procesión; tal vez en un anochecer con antorchas en la mano, formando un movimiento serpenteante visto desde lejos. Y los druidas recibiéndolos en la cumbre y otorgando bendiciones junto a una gran hoguera, que estaría alineada con otras hogueras de otras colinas sagradas siguiendo una línea recta, llamada el Sendero del Dragón, que algunos extienden a lo largo del mundo, en un largo canal de energía.
Según las viejas leyendas de Cornwald, José de Arimatea, era un mercader de estaño que comerciaba con los mineros en las costas occidentales de Gran Bretaña. En uno de esos viajes comerciales, trajo consigo a Jesús, y juntos hicieron un peregrinaje a la Sagrada Isla de Avalon. Años después, siguiendo a la Crucifixión, José regresó a Avalon y ancló su barco en Wearyall Hill. Ahí plantó su báculo en el suelo, donde echó raíces y floreció en el Espino Sagrado cuyos descendientes todavía crecen en la colina actualmente. El báculo estaba hecho del mismo espino que la corona de espinas de Jesús. El famoso árbol de Espino Sagrado florece sólo en Navidad. En el lugar debajo de esta colina, José construyó una pequeña iglesia, que se cree fue la primera fundación cristiana en Gran Bretaña.
Viajar a Avalon es aceptar el reto de sentir aquí y ahora el mundo del espíritu, una Íntima conexión entre el cielo espiritual, anímico, con la tierra, en una simbiosis de Auto generación, como lo hacen los apuestos, la pareja alquímica, alimentándole mutuamente, cada ser contiene a su contrario en su propia esencia, es la unión sublime entre cuerpo y alma, esto es apenas un atisbo de lo que lo que se encuentra y siente en Avalon, potente sanador de cuerpos y almas. Nos encontraremos en un lugar donde se respira y se siente, aunque no lo desees. Donde el espacio-tiempo como dimensión se transforma, entramos en contacto íntimo con lo sagrado que habita en cada uno de nosotros, aquí y ahora, iniciando un viaje a las profundidades del alma en busca de nuestro maestro interior, un viaje iniciativo, porque hay un antes y un después de sentir fluir la energía de estas tierras, Glastonbury (ciudad de cristal y de Ginebra) tierra física, Avalon (ciudad etérica, oculta entre brumas), no penséis que es un viaje mas, no es así, es Avalon quien escoge quien ha de ollar estas tierras y sentirlas, solo así despejaremos las brumas y se nos mostrara en todo su esplendor y nos dejará sentir y vivir su conocimiento, porque el significado oculto, simbólico y místico de la “isla de las manzanas”, es apartar el velo de Isis, y adquirir la sabiduría arcana ancestral.Fue Lilith-Eva la que comió del fruto prohibido, ese fruto del conocimiento representado por una manzana, y se la ofreció a Adán. Es a través de la energía femenina, a través de la profundidad de la oscuridad, de la materia oscura que todo lo contiene, que se revela la luz más brillante del conocimiento druídico. Jesús dijo: solo llegaréis a mi a través de ella, “a través de mi madre”, solo se llega a dios a través del conocimiento y el respeto hacia la madre, la naturaleza, y no hay mejor lugar para sentirla en cuerpo y alma, que en Avalon, en este lugar se respira magia natural, aprenderemos con la ayuda de los seres elementales como escuchar los mensajes del mundo, de la naturaleza como sentir las energías sutiles y darles forma en este plano físico, como sienten árboles, flores, el agua, la tierra, el aire, el lenguaje de los pájaros. Aprenderemos el lenguaje de la naturaleza en todo su esplendor, energías sutiles que transmuta el alma y nos abren a otras realidades, en multitud de planos de conciencia. Abriremos el corazón y el plexo solar y sentiremos el Amor más puro, el Amor a todo y a todos los seres, es el poder más grande que existe, es el amor universal, Amor incondicional. Integraremos y equilibraremos las dos energías, la Solar y la Lunar.Despertaremos a esa Diosa dormida que habita en todos (hombres y mujeres) y la restituiremos en el lugar que le ha correspondido siempre por derecho, en busca de la igualdad perdida, iremos al encuentro de Lilith en nosotros, la esencia femenina primordial, la cara oculta de la luna, la esencia mas sublime de la Diosa que todos llevamos dentro. Entraremos con sigilo y respeto en el mágico mundo que está entre el mito y la realidad, sentiremos su presencia en Avalon-Glastonbury, que siguiendo la tradición de las islas paradisíacas que en la mitología se encuentran en algún lugar mágico al oeste entre el cielo y la tierra, entre las cuales se incluye la Atlántida, El Jardín de las Hespérides con sus manzanas de oro, las Islas Afortunadas de los griegos, y la Isla de San Brandán, la cual estaba cubierta de manzanos. Avalon también llamada isla afortunada y vinculada con las islas míticas asociadas con manzanas, probablemente por que éstas son la fruta de la inmortalidad en la mitología céltica.
La Abadía de Glastonbury ahora está en ruinas, habiendo sido la última en ser cerrada por Enrique VIII, tras ser un gran centro de peregrinaje en los tiempos medievales. No en vano aquí estuvo la iglesia más antigua de occidente, más aun que Roma, ya que fue fundada por el esenio José de Arimatea pocos años después de la crucifixión de Jesucristo, sobrino suyo, y que de paso se traería el Grial, que enterraría en lo que hoy es Chalice Well. Posiblemente este lugar era muy conocido por haber sido un importante puerto para los mercaderes del estaño en la Edad de Bronce –posiblemente muchos de ellos procedente de Tartessos-, cuando este lugar era una isla en medio de las marismas. En aquellos tiempos, Glastonbury ya era un lugar sagrado y, como hemos visto anteriormente, contaba con una importante escuela druídica. Los druidas y los primeros cristianos solían llevarse bastante bien; no olvidemos la convivencia y el sincretismo que se vivió en la cercana Irlanda, donde se creó el cristianismo celta y alguien como San Columba llamaba a Jesús el Archidruida, o cómo san Patricio explotó la idea de que era una reencarnación del mítico guerrero Cu Chulainn. La iglesia que edificase José de Arimatea en honor a María sería ocupada en los siglos sucesivos por eremitas, llegando a ser sustituida por la abadía. Cuando Enrique VIII, receloso del poder y la riqueza de la Iglesia, mandó a disolver los monasterios de todo el país, esta próspera abadía benedictina estaba gobernada por el abad Michael Whyting, de 80 años de edad. Los hombres del rey encontraron en la abadía un cáliz que, dijeron, había sido robado del tesoro real. Tal vez para que sirviese de ejemplo, el anciano abad fue colgado en la Tor; Después su cuerpo sería cortado en cuatro trozos, que fueron llevados a las cuatro ciudades cercanas más importantes, mientras que su cabeza permaneció en el atrio de la abadía; poco después, este lugar se convertiría en un montón de ruinas. No es de extrañar que de vez en cuando el fantasma del abad se deja ver por estos parajes.Tras la disolución, la abadía pasó a pertenecer ala Iglesia de Inglaterra (anglicana), aunque actualmente pertenece al organismo Abbey Trastees. La cripta es el lugar más antiguo, y, al parecer, tiene algo especial que le hace idóneo para meditar. La cocina del Abad es el edificio que se encuentra en mejor estado y en él actualmente un monje explica con muy buen humor en qué consistía la cocina monacal de otros tiempos.El día de la festividad de san Miguel, puede verse desde la abadía como el sol se pone tras la Tor, de manera que la torre, no olvidemos que dedicada a aquel santo, queda como una silueta alargada tras el disco amarillo.
Otro emplazamiento sagrado de Glastonbury es Chalice Well, el Manantial del Cáliz. Al parecer, mientras que la Tor era un emplazamiento para los druidas, en este lugar había algún tipo de sacerdotisas que cuidaban esta especie de jardín encantado, con un manantial de frías aguas con propiedades medicinales. Hay quien le llama el Manantial Rojo o Sangriento, ya que el agua, rica en hierro, deja un rastro rojizo por donde pasa. La fuente del manantial se llama Vesica Piscis y cuenta con un símbolo, que también se encuentra en la puerta de entrada al jardín, conectado con la geometría sagrada que representa la dualidad: dos circunferencia unidas, cuya intersección está atravesada por una línea recta. Esta imagen fue diseñada (basándose en otros modelos de la antigüedad) por Frederick Bligh Bond, arqueólogo y vidente que excavó la Abadía a comienzos del siglo pasado, como un símbolo de paz universal. El agua fluye pura e incontaminada de forma continua y permanente (más de 100.000 litros diarios) a 11 grados, independientemente de la temporada o el clima exterior. De hecho, hasta se dice que esta agua es ajena al ciclo de evaporación – nubes – lluvia, desconociéndose la profundidad de la que procede. Y hasta hubo tiempos de sequía extrema en los que la única fuente de agua que había en Glastonbury provenía de este manantial. Bajo la tapa hay dos cámaras orientadas norte-sur; una de ellas tiene cinco paredes de piedra que parecen guardar cierta similitud con las unidades de medida del antiguo Egipto, por lo que se piensa que pudo servir como lugar de ceremonias de iniciación. Para beber hay una fuente llamada la Cabeza de León, donde también está uno de los tres espinos (crateagus monogyna praecox) descendientes del que floreció milagrosamente del bastón de José de Arimatea, cuando este lo clavó en tierra al llegar a Glastonbury. Este árbol es originario de Líbano, y echa al mismo tiempo flores (blancas) y bayas (rojas), y justo cuando es tiempo de las dos grandes fiestas cristianas: Navidad y Pascua.Y de la Cabeza de León, el agua va al jardín del rey Arturo, donde estuvo la piscina en la que se introducían los peregrinos, cubriéndoles todo el cuerpo. En la época victoriana estuvo muy concurrida, ya que entre la nobleza se puso de moda ir a tomar las aguas. Aquella piscina quedó transformada en el actual pequeño estanque donde sólo se pueden meter los pies. Y de este jardín, el agua baja por unas pequeñas cascadas con formas orgánicas, teñidas por el rastro rojo que los minerales han ido depositando con el tiempo, para acabar en una pequeña balsa con la forma de vesica piscis. Además de los minerales en suspensión, se atribuyen los poderes medicinales de esta agua a una fuerza vibratoria relacionada con la energía telúrica. De hecho, Chalice Well está situada justo en la intersección de dos líneas imaginarias que unen, por un lado la Tor y la Abadía, y por otro, la colina de Wearyal Hill, la antigua Ynys Witrin donde recaló José de Arimatea, y los árboles Gog y Magog, los robles a la entrada del viejo camino de los peregrinos. En Chalice Well hay un tejo cuyo tronco se ha ido transformando en un símbolo vulvar, una forma de representación de la diosa. En otros lugares del jardín hay otros tejos. Estos eran unos de los árboles sagrados de los druidas, que los consideraban símbolo de muerte y resurrección; los plantaban en emplazamientos ceremoniales y en su calendario representaban la entrada del invierno.
Los emplazamientos megalíticos son numerosos a través de Europa, la península Ibérica, Westfalia, Hesse, la cuenca parisina, Provenza, Bretaña… pero la mayoría son identificados como sepulturas. En Antequerra (España) como en New Grande (Irlanda) o en Castelet (Provenza), túmulos y dólmenes encierran siempre una o varias cámaras funerarias. Sin embargo, al igual que Carnac, Stonehenge escapa a la regla. Ni pasillos ni cámaras funerarias: el monumento tiene ciertamente otro fin. Fuera de la hipótesis del observatorio astronómico, las explicaciones más diversas han sido propuestas. Desde la consideración de civilizaciones más avanzadas… hasta otras hipótesis, como las que admiten, dentro de la tradición druídica, que Stonehenge podría haber sido un gigantesco generador de energía, un nemetón. Este se formaría mediante la creación de una cadena humana alrededor del monumento en cada solsticio, para captar la energía y cargarse de ella siguiendo ciertas pautas rituales. El monumento fue construido en cuatro fases con piedras de diferentes orígenes. Algunas provienen de Avenbury, a una treintena de kilómetros al noroeste, otras de los montes Prescelly en el país de Gales, a más de 200 kilómetros de Stonehenge, y de Mildford Haven, a 250 kilómetros. Las piedras azules –riolitos- incorporadas a la construcción a principios de la Edad del Bronce (segundo milenio a.C), vendrían de Irlanda. Cada monolito pesa más de 50 toneladas y el conjunto, varios miles de toneladas: ¿Cómo pueblos de fines del Neolítico, de apenas algunos centenares de individuos, pudieron traer tales cargamentos con medios primitivos?¿Y por qué haber ido tan lejos en busca de bloques de diferentes rocas?El emplazamiento de Stonehenge fue elaborado según un plan extremadamente preciso. Una zanja circular de 4 m. de ancho por 1,50 m. de profundidad forma un primer anillo de un centenar de metros. Al interior, sobre el talud, un segundo anillo está dibujado por 56 agujeros, conocidos por el nombre de Agujeros de Aubrey, derivado del nombre de uno de los primero exploradores del emplazamiento (1650).Siempre concéntricos, otros dos anillos revelan cada uno 30 y 29 agujeros: éstos contienen osamentas humanas quemadas. Luego viene la parte monumental de la obra: dos círculos de piedras erguidas cubiertas de dinteles encerrando otras dos filas dispuestas en forma de herradura. Otras cinco piedras se levantan aisladas: dos, en la zona del anillo de los agujeros de Aubrey (piedras de estación destinadas a ser cambiadas de posición), una exterior, en la galería que conduce al monumento (piedra de talón, llamada así por su forma), una piedra de sacrificio a la entrada y un altar al centro

En Wiltshire, Inglaterra, se encuentra Stonehenge, el monumento megalítico más extraordinario y enigmático del mundo. Desde la antigüedad, Stonehenge ha despertado la atención y admiración de los visitantes por su extraña y sorprendente arquitectura. No hay actualmente nada en el mundo que en manera alguna pueda compararse a este misterioso santuario, construido simplemente con grandes bloques rectangulares de piedra.Los autores británicos John Aubrey y William Stukeley, a fines del siglo XVII y a principios del XVIII, contribuyeron fuertemente a mantener la imagen de Stonehenge como un templo jurídico y sitio importante de la cultura celta. Pero, aunque fue sin duda el sitio utilizado por los druidas para sus ceremonias, los pesados megalitos estaban ahí mucho antes de la llegada de los celtas a tierras británicas, y los misterios de Stonehenge no tienen ninguna necesidad de este aporte para seguir siendo apasionantes.Aunque hoy día se sepa que los celtas no son los constructores, éstos tuvieron en todos los tiempos un gran respeto por Stonehenge. El primer texto que menciona el sitio con exactitud se encuentra en la Historia Regnun Britanniae de Geoffroy de Monmouth (1136), uno de los autores del ciclo arturiano. Entremezclado con la leyenda, Stonehenge aparece como una creación del druida Merlín que, por obra de la magia, habría traído las piedras desde Irlanda. Luego habría utilizado las fuerzas vitales del lugar para despertar al dragón…e, igualmente, lo habría convertido como el lugar en el que los nobles de Inglaterra habrían prestado su juramento al rey Arturo. En primer lugar, no debe extrañar que el monumento haya sido precisamente erigido en la llanura de Wiltshire, pues, como hacen notar frecuentemente los geógrafos, esta región es la más elevada de las planicies del sur de Inglaterra que la rodea. Y fue en esta alta planicie en donde se levantaron los mayores campamentos prehistóricos. Por entonces las tierras bajas de Gran Bretaña eran del todo inhabitables, principalmente a causa de los espesos bosques de robles que las cubrían. Por este motivo, los primitivos agricultores buscaron para el cultivo los altos collados de tierras arcillosas y calcáreas, en donde el blando suelo de escaso grosor podía fácilmente ser trabajado, parcelando el terreno en pequeños prados para cultivar el trigo y otros granos. Stonehenge está constituido por grandes bloques rectangulares de piedra ordenados en círculo, formando dinteles. Lo hayamos situado en el centro de un terreno rodeado por una zanja bastante profunda. La tierra sacada de esta excavación forma un ligero terraplén hacia el interior del círculo, interrumpido por una entrada bastante ancha en su lado Nordeste.A continuación de la zanja circular, hacia el interior del círculo de tierra, hay 56 hoyos circulares formando una circunferencia o anillo en torno al monumento. La mitad de estos hoyos o fosas –llamados de Aubrey desde el siglo XVII, en honor a su descubridor- han sido excavados y marcados con cal, destacándose alrededor de Stonehenge como un enorme collar de grandes perlas blancas. Estos hoyos parecen tapar túmulos de enterramientos, sin urnas ni objetos funerarios, pero con señales de cremación, como si se hubiesen utilizado para determinados sacrificios o ceremonias en honor de ignorados dioses. En el interior de este círculo de hoyos se encuentra enclavado el conjunto arquitectónico de monolitos de Stonehenge, que consta de dos partes: un círculo exterior de unos 34 m. de diámetro y una construcción interior en forma de herradura.Al principio, cuando el monumento no había sido deteriorado por el paso del tiempo y por los continuos saqueos de los habitantes de la zona que acudían a ese santuario para llevarse las piedras, el círculo estaba formado por 30 columnas unidas por un dintel continuo de bloques cortos, los cuales montaban encima de las columnas o monolitos de tal manera que cada uno se apoyaba en dos columnas consecutivas. Todas estas columnas o menhires son de sarsen, una clase de piedra arenisca que se encuentran en los Marlborough Downs, a unos 30 Km. al norte de Stonehenge, y cada uno de ellos pesa alrededor de 25 toneladas. Los bloques colocados encima, formando el dintel, también son de sarsen y pesan alrededor de 7 toneladas cada uno. La construcción interior, en ellos consiste en dos menhires de unas 45 toneladas, coronados por un enorme bloque que forma el dintel. Como puede comprenderse, ese peristilo de monolitos y la herradura interior causan admiración no sólo por su grandeza sino por la precisión y finura del trabajo que ejecutaron sus misteriosos constructores. Producen también grata impresión a la vista por su coloración gris y la erosión. Los emplazamientos megalíticos son identificados normalmente como sepulturas. Sin embargo, en Stonehenge no se aprecian ni pasillos ni cámaras funerarias. Las piedras con que fueron construidas, a veces traídas desde más de doscientos kilómetros, ponen de manifiesto el interés que tuvieron por la construcción. Fuera obra de los druidas o de poblaciones oriundas del mediterráneo, la simbología del círculo (el Sol) y de la herradura (el menguante de la Luna) abogan a favor de un centro ceremonial –alineado astronómicamente- en el que sus antiguos pobladores realizaban las ofrendas a los dioses.Los emplazamientos megalíticos son numerosos a través de Europa, la península Ibérica, Westfalia, Hesse, la cuenca parisina, Provenza, Bretaña… pero la mayoría son identificados como sepulturas. En Antequerra (España) como en New Grande (Irlanda) o en Castelet (Provenza), túmulos y dólmenes encierran siempre una o varias cámaras funerarias.Sin embargo, al igual que Carnac, Stonehenge escapa a la regla. Ni pasillos ni cámaras funerarias: el monumento tiene ciertamente otro fin. Fuera de la hipótesis del observatorio astronómico, las explicaciones más diversas han sido propuestas. Desde la consideración de civilizaciones más avanzadas… hasta otras hipótesis, como las que admiten, dentro de la tradición druídica, que Stonehenge podría haber sido un gigantesco generador de energía, un nemetón. Este se formaría mediante la creación de una cadena humana alrededor del monumento en cada solsticio, para captar la energía y cargarse de ella siguiendo ciertas pautas rituales.
El conjunto formado por el círculo exterior y la herradura interior que hemos descrito, está repetido a una escala mucho más pequeña con piedras azules, de las cuales quedan muy pocas hoy día. Estas piedras, o bloques, son bastante menores que las de sarsen y no tienen la finura del trabajo de las mismas. Lo que llama más la atención en estas piedras azules es que son rocas – principalmente doleritas y riolitas volcánicas- que solamente se encuentran en cantidad en los montes de Presely, en el extremo oeste del país de Gales. Esto da idea del esfuerzo físico y las dificultades que tuvieron que vences los constructores de Stonehenge para trasladarlas hasta Wiltshire. Al mismo tiempo, es una muestra de la importancia y veneración que debían sentir aquellos hombres prehistóricos por esas piedras azules, cuyo significado ha escapado a los estudios más profundos de los sabios de todos los tiempos. Por su parte, los grandes bloques de piedra sarsen también reflejan el colosal trabajo y esfuerzos que debieron desplegar sus constructores, tanto para elevarlas como para pulirlas y recortarlas, pues era una época en la que el hombre sólo contaba con la fuerza de sus manos y su joven astucia para realizar tan colosales construcciones. Es por eso que, al ver Stonehenge, uno piensa que esto no puede ser de nuestro mundo.
Las piedras de Stonehenge son tan grandes que se diría que fueron levantadas por una raza de gigantes desaparecidos después de los primeros tiempos. Una tradición relaciona estos gigantes míticos a otro pueblo igualmente legendario: los hiperbóreos.En la mitología griega, los hiperbóreos, que adoraban al dios Apolo, habitaban en el extremo norte de Europa. El historiador Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.) evoca incluso un sitio que podría ser Stonehenge: Hay en la isla un recinto de Apolo y un templo ilustre, (…) los encargados son llamados boreades (…). El dios visita la isla cada 19 años, período durante el cual las estrellas vuelven a estar en el mismo lugar en el cielo. De hecho, los hiperbóreos son probablemente los iberos, ya que es en Portugal donde se encuentran las primeras alineaciones megalíticas. Una migración diseminó a este pueblo a lo largo de las costas (golfo de Gascuña, Bretaña) hasta Irlanda e Inglaterra, donde erigieron por primera vez un fantástico círculo de piedras.
Es indiscutible que, inmediatamente después de la conquista de Inglaterra por los normandos, Stonehenge era ya conocido y venerado como una de las maravillas de Bretaña. El famoso historiador del siglo XII, Geoffrey de Monmouth, obispo de San Aspa, indicó que las famosas piedras habían sido llevadas a las llanuras de Wiltshire desde Irlanda, por el mago Merlín, en los días de Ambrosio, tío del rey Arturo. Posteriormente, según el historiador, los círculos de menhires sirvieron de lugar de enterramiento para Ambrosio y su hermano Pendragón, padre del Rey Arturo. Esta leyenda fue desvaneciéndose con el paso del tiempo para, en el siglo XVIII, quedar completamente desacreditada. Pero en cambio, increíblemente, se atribuyó a los druidas, sacerdotes celtas, la fundación del singular monumento, que debieron utilizarlo para rendir culto al sol y señalar las estaciones. Más tarde se atribuyó a los romanos, a los fenicios, a los daneses…Hoy en día, gracias a los análisis del carbono C-14, se ha podido datar su antigüedad en el 1845 a.C, por lo que todas esas leyendas y teorías han tenido que desaparecer, dejando paso a lo que parece ser la verdadera historia de Stonehenge. Hacia el año 1800 a.C, el sur de Inglaterra estaba poblado por pueblo neolíticos secundarios, los cuales han dejado algunos rastros de sus probables campamentos en las cercanías de Stonehenge. Se supone que debieron iniciar la construcción del monumento como santuario religioso, excavando la zanja circular y los hoyos de Aubrey por medio de astas de ciervos y huesos de animales. Por huesos humanos calcinados en esos hoyos, se cree que se utilizaban como tumbas o, quizás, como lugares de sacrificio y ofrendas a sus dioses. Un siglo más tarde, alrededor de 1700 a.C, Inglaterra fue invadida desde Holanda y la comarca del Rin por los llamados pueblos de la cerámica campaniforme. Estos pueblos, procedentes de la Península Ibérica, se habían extendido por casi toda Europa. Conocían el metal, principalmente el cobre, el oro y el bronce, por lo que no tuvieron muchas dificultades para imponerse a los naturales, a quienes inculcaron su religión y costumbres. Fue entonces cuando, al prestar atención al iniciado santuario de Stonehenge, decidieron crear un monumento a sus dioses en aquel lugar sagrado, por lo que procedieron a traer las piedras azules des las costas de Pembrokeshire, en Gales. Por aquella época se colocaron unas 80 piedras azules en el centro del monumento, formando dos círculos, en los que había una entrada al Nordeste, en dirección al punto de solsticio de verano, o sea el punto por donde salía el Sol el 21 de Junio. Por causas que se desconocen, la construcción de estos círculos de piedras azules quedó interrumpida, quedando por colocar las piedras de la entrada, cuyos hoyos ya estaban excavados. Lo más probable es que alguna guerra con los pueblos que a finales del Neolítico ya poblaban las Islas Británicas, obligara a dejar abandonado el templo. Posteriormente, Stonehenge pasó por diversas fases de renovación y construcción, cuyas fechas son imposibles de precisar. No obstante, se cree que unos 1500 años a.C quedó terminado en la forma que se ha conservado hasta nuestros días. Primeramente se deslizó el círculo exterior de piedras azules y, en su lugar, se colocaron los menhires y dinteles de sarsen. Dentro de este círculo se erigió la herradura de trilitos.
La utilidad astronómica de Stonehenge para sus constructores sigue siendo un misterio. Se ha considerado, no obstante, que se usaba como un observatorio práctico, es decir, que sus piedras y dinteles estaban colocados de manera que se pudiera seguir el curso del Sol en el cielo y, por tanto, marcar el principio de las correspondientes estaciones.Algunos autores han creído incluso que gracias a Stonehenge se podían conocer las fases de la Luna y los eclipses de Sol. Lo cierto es que si uno se coloca en el centro del monumento y mira en dirección a una piedra denominada Heel Stone, ve enseguida que la cima de esta piedra coincide con el horizonte, y si para ello se escoge el día del solsticio de verano, 21 de Junio, el Sol sale casi justo por encima de la piedra ¿Una casualidad? ¿Una prueba del uso del santuario? El problema fue determinar si la Piedra del Tacón había sido emplazada en aquel lugar precisamente para que su cúspide coincidiese con el Sol naciente en determinado momento del año. Después de laboriosos cálculos astronómicos se llegó a la conclusión de que el Sol debía aparecer por la avenida central y exactamente en lo alto de la piedra en el año 1840 a.C, fecha que coincide con la de la fundación de Stonehenge, por lo que debe darse por cierto que este santuario esta estrechamente ligado a la observación del Sol. Quizás el futuro nos reserve la revelación de nuevos detalles y misterios. Tampoco falta quien niegue rotundamente que los pueblos de la cerámica campaniforme fueran los constructores de Stonehenge, principalmente porque carecían de la suficiente imaginación para crear una cosa de tal naturaleza. Lo más probable, entonces, es que esos pueblos encontraran el monumento ya levantado y lo aprovecharan para el culto a sus dioses, igual a lo que hicieron posteriormente los druidas. Pero si aceptamos esta teoría nos quedamos con el gran misterio: ¿quién construyó Stonehenge?Los numerosos restos humanos encontrados en el lugar indican que el sitio sirvió a menudo, a lo largos de los siglos, como lugar de sepultura. Sin embargo, todo muestra que esa no fue su primera finalidad. En efecto, después de 1961, el plano del monumento fue estudiado por el científico Gerald Hawkins, profesor de astronomía de Cambridge, y Fred Hoyle, especialista en astrofísica del Californian Institute of Technology. Su tesis es que, para un observatorio ubicado en el centro de la construcción, los megalitos se observan en líneas de mira para realzar fenómenos astronómicos. Los círculos de agujeros corresponderían al sistema simple de una máquina calculadora gigantesca y primitiva pero de una precisión sorprendente. El anillo de los agujeros de Aubrey se relaciona con el ciclo de los eclipses lunares: Hawkins muestra incluso que corriendo cada año seis piedras de un agujero se pueden prever todos los eventos lunares para períodos muy largos. Finalmente, distintos ángulos entre las piedras solitarias definirían los solsticios y los equinoccios, las salidas y las puestas del Sol y de la Luna. Los razonamientos de Hawkins y Hoyle, incontestables en el plano astronómico, son sin embargo criticados por los arqueólogos. La multiplicidad de épocas de construcción parece contradecir la teoría de un observatorio construido con conocimiento de causa. ¿Pero por qué el mismo objetivo no habría podido ser perseguido durante varios siglos, con un perfeccionamiento progresivo del sistema? Además, la simbología del círculo (el Sol) y la de la herradura (el menguante de la Luna) abogan a favor de los astrónomos. Parece que hoy día no existirían contradicciones entre las constataciones de los arqueólogos y los astrónomos y, en todo caso, muchos concuerdan en reconocer que la precisión en los emplazamientos de los megalitos es demasiado grande para ser solo fruto del azar. Realmente, aunque no queramos, hemos de reconocer que ese monumento es tan extraordinario por la época y lugar de su aparición, que no podemos dejar de relacionarlo con civilizaciones más avanzadas que los pueblos de la cerámica campaniforme ¿Pero qué civilizaciones? Éste es el gran enigma: no encontramos ninguna a la cual atribuirle ese monumento. Y la conclusión final es todavía más sorprendente: ¿Seres de otro mundo? Podría ser una explicación, sobre todo por la utilidad astronómica que parece tener, utilidad que no ha sido nunca bien explicada, quizá porque siempre se ha buscado en él las creencias de los pueblos de la cerámica campaniforme y no las posibilidades de otras civilizaciones superiores.Otro hecho intrigante es que todos los monumentos y construcciones enigmáticos de las civilizaciones desaparecidas de Europa y América estén dedicados al Sol ¿Hay algo en común entre la misteriosa civilización que construyó Stonehenge y la que parece haber dejado su sabiduría a los antiguos Egipcios, Aztecas y Mayas? ¿Sirven sus monumentos más que como un observatorio guía para extraños viajes, quizá siderales, que para templos de adoración? Esperemos que las modernas investigaciones echen un poco de luz sobre tantos misterios. Hoy en día, este enigmático monumento megalítico está bajo la protección especial del Estado, que se ha encargado de restaurar sus partes más importantes, en un notable esfuerzo para impedir que desaparezca ese santuario que nos habla de las civilizaciones que nos han precedido y han desaparecido, dejándonos decenas de misterios sin resolver…Uno de los lugares de Poder más importantes del PlanetaGentileza de Loli Muñoz Camacho .