20.4.09

¿Un Santuario Astronómico?

La utilidad astronómica de Stonehenge para sus constructores sigue siendo un misterio. Se ha considerado, no obstante, que se usaba como un observatorio práctico, es decir, que sus piedras y dinteles estaban colocados de manera que se pudiera seguir el curso del Sol en el cielo y, por tanto, marcar el principio de las correspondientes estaciones.
Algunos autores han creído incluso que gracias a Stonehenge se podían conocer las fases de la Luna y los eclipses de Sol.
Lo cierto es que si uno se coloca en el centro del monumento y mira en dirección a una piedra denominada Heel Stone, ve enseguida que la cima de esta piedra coincide con el horizonte, y si para ello se escoge el día del solsticio de verano, 21 de Junio, el Sol sale casi justo por encima de la piedra ¿Una casualidad? ¿Una prueba del uso del santuario?
El problema fue determinar si la Piedra del Tacón había sido emplazada en aquel lugar precisamente para que su cúspide coincidiese con el Sol naciente en determinado momento del año. Después de laboriosos cálculos astronómicos se llegó a la conclusión de que el Sol debía aparecer por la avenida central y exactamente en lo alto de la piedra en el año 1840 a.C, fecha que coincide con la de la fundación de Stonehenge, por lo que debe darse por cierto que este santuario esta estrechamente ligado a la observación del Sol. Quizás el futuro nos reserve la revelación de nuevos detalles y misterios.
Tampoco falta quien niegue rotundamente que los pueblos de la cerámica campaniforme fueran los constructores de Stonehenge, principalmente porque carecían de la suficiente imaginación para crear una cosa de tal naturaleza. Lo más probable, entonces, es que esos pueblos encontraran el monumento ya levantado y lo aprovecharan para el culto a sus dioses, igual a lo que hicieron posteriormente los druidas. Pero si aceptamos esta teoría nos quedamos con el gran misterio: ¿quién construyó Stonehenge?
Los numerosos restos humanos encontrados en el lugar indican que el sitio sirvió a menudo, a lo largos de los siglos, como lugar de sepultura. Sin embargo, todo muestra que esa no fue su primera finalidad. En efecto, después de 1961, el plano del monumento fue estudiado por el científico Gerald Hawkins, profesor de astronomía de Cambridge, y Fred Hoyle, especialista en astrofísica del Californian Institute of Technology. Su tesis es que, para un observatorio ubicado en el centro de la construcción, los megalitos se observan en líneas de mira para realzar fenómenos astronómicos. Los círculos de agujeros corresponderían al sistema simple de una máquina calculadora gigantesca y primitiva pero de una precisión sorprendente.
El anillo de los agujeros de Aubrey se relaciona con el ciclo de los eclipses lunares: Hawkins muestra incluso que corriendo cada año seis piedras de un agujero se pueden prever todos los eventos lunares para períodos muy largos. Finalmente, distintos ángulos entre las piedras solitarias definirían los solsticios y los equinoccios, las salidas y las puestas del Sol y de la Luna. Los razonamientos de Hawkins y Hoyle, incontestables en el plano astronómico, son sin embargo criticados por los arqueólogos. La multiplicidad de épocas de construcción parece contradecir la teoría de un observatorio construido con conocimiento de causa.
¿Pero por qué el mismo objetivo no habría podido ser perseguido durante varios siglos, con un perfeccionamiento progresivo del sistema? Además, la simbología del círculo (el Sol) y la de la herradura (el menguante de la Luna) abogan a favor de los astrónomos. Parece que hoy día no existirían contradicciones entre las constataciones de los arqueólogos y los astrónomos y, en todo caso, muchos concuerdan en reconocer que la precisión en los emplazamientos de los megalitos es demasiado grande para ser solo fruto del azar.
Realmente, aunque no queramos, hemos de reconocer que ese monumento es tan extraordinario por la época y lugar de su aparición, que no podemos dejar de relacionarlo con civilizaciones más avanzadas que los pueblos de la cerámica campaniforme ¿Pero qué civilizaciones? Éste es el gran enigma: no encontramos ninguna a la cual atribuirle ese monumento. Y la conclusión final es todavía más sorprendente: ¿Seres de otro mundo? Podría ser una explicación, sobre todo por la utilidad astronómica que parece tener, utilidad que no ha sido nunca bien explicada, quizá porque siempre se ha buscado en él las creencias de los pueblos de la cerámica campaniforme y no las posibilidades de otras civilizaciones superiores.
Otro hecho intrigante es que todos los monumentos y construcciones enigmáticos de las civilizaciones desaparecidas de Europa y América estén dedicados al Sol ¿Hay algo en común entre la misteriosa civilización que construyó Stonehenge y la que parece haber dejado su sabiduría a los antiguos Egipcios, Aztecas y Mayas? ¿Sirven sus monumentos más que como un observatorio guía para extraños viajes, quizá siderales, que para templos de adoración? Esperemos que las modernas investigaciones echen un poco de luz sobre tantos misterios.
Hoy en día, este enigmático monumento megalítico está bajo la protección especial del Estado, que se ha encargado de restaurar sus partes más importantes, en un notable esfuerzo para impedir que desaparezca ese santuario que nos habla de las civilizaciones que nos han precedido y han desaparecido, dejándonos decenas de misterios sin resolver…



Uno de los lugares de Poder más importantes del Planeta


Gentileza de Loli Muñoz Camacho .

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